Gregorio Marañon, 50 aniversario de su muerte

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Se cumple este año el cincuenta aniversario de la muerte del Dr. Gregorio Marañón. Se trata sin duda, en opinión de muchos, del médico que más influencia ha tenido tanto en la medicina española como en la vida literaria e incluso política de nuestro país. Aunque otros médicos como Ramón y Cajal y Severo Ochoa realizaron descubrimientos fundamentales que les llevaron a la obtención del Premio Nóbel, ninguno tuvo tanta influencia sobre la práctica de la medicina clínica como el Dr. Marañón.

Nace Gregorio Marañón en Madrid el 19 de mayo de 1887. Nace en una familia acomodada ya que su padre, Manuel Marañón, es un abogado de prestigio y su madre, Carmen Posadillo, es hija de un magistrado del Tribunal Supremo. Gregorio nace de parto gemelar pero su hermano muere a los dos meses de nacer. La madre muere en 1890 durante el parto de su quinto hijo.

Crece Gregorio Marañón rodeado de libros pues en su casa existe una gran biblioteca. El ambiente familiar es netamente intelectual ya que su padre es amigo de Menéndez Pelayo, Benito Pérez Galdós y Pereda entre otros escritores con los que se reúne con frecuencia.

En 1902 comienza a estudiar el curso preparatorio de la carrera de Medicina en la Universidad de Madrid, entonces conocida como Universidad Central. Allí, en la calle de San Bernardo, estudia las asignaturas de física general, química general, mineralogía, botánica y zoología general. Marañón fue un estudiante normal y no “un deportista de las buenas notas” como nos dejó escrito. Finaliza la carrera en el año 1909. Es de destacar que entre sus maestros se encontraba Santiago Ramón y Cajal.

Su primer trabajo lo realiza como médico de guardia del Hospital Provincial de Madrid. Posteriormente viajaría a Alemania, a Frankfurt, donde completaría su formación con el Profesor Ehrlich. En 1911 se presenta a las oposiciones para una plaza de médico de la Beneficencia Provincial de Madrid y las gana brillantemente. Lo primero que hace después de tomar posesión es criticar el sistema de las oposiciones: no comprende como un médico tan joven como él, sin ninguna experiencia, puede acceder a un puesto de tanta responsabilidad solamente por haber hecho un brillante ejercicio teórico. Sería la primera y última oposición que haría en su vida y dejó bien claro que, en su opinión, “el raquitismo de a ciencia española se debe a las oposiciones”.

Solicita la plaza de Jefe del Departamento de Medicina Infecciosa del Hospital Provincial, servicio de gran importancia en aquella época por la frecuencia de las enfermedades infecciosas. Organiza el Departamento con las ideas aprendidas en Alemania haciendo obligatoria la presencia física de sus colaboradores en el hospital durante toda la mañana, cosa insólita en aquellos años. También establece la obligatoriedad de las historias clínicas escritas e incluso monta un laboratorio de análisis para el mejor estudio de los enfermos.

En el mismo año, 1911, se casa con Lolita Moya, hija del editor del periódico El Liberal, Miguel Moya. Comienza aquí una relación con la prensa escrita que continuaría a lo largo de toda su vida y de forma muy fructífera. La nueva pareja pasa por Berna en su viaje de novios y el Dr. Marañón aprovecha la ocasión para visitar en esa ciudad al conocido cirujano Emil Theodor Kocher, ya Premio Nóbel por sus investigaciones sobre el bocio. Es su primer contacto formal con la endocrinología, disciplina que tan importante iba a ser a lo largo de su vida profesional.

Ya de vuelta en Madrid establece su domicilio en un piso de la calle Marqués de Villamejor. Como era habitual en aquel tiempo, monta su consulta particular en su domicilio. Todas las mañanas las pasa en su Servicio del Hospital Provincial y las tardes las dedica a sus pacientes particulares. Esta era la normal habitual de los médicos en aquellos años. Su ya enorme prestigio hace crecer constantemente el número de pacientes que acuden a visitarle, entre ellos varios miembros de la familia real. También muchos representantes de la vida cultural e intelectual del momento. Por ejemplo, cuando el escritor Benito Pérez Galdós estaba a punto de perder la visión, el Dr. Marañón solicitó los servicios del catedrático de oftalmología, el Dr. Manuel Márquez, que operó de cataratas a Galdos en la misma biblioteca del escritor. Así se hacían las cosas entonces.

La vida académica continúa su marcha. En el año 1914 participa en el primer Manual de Medicina Interna que se publica en España. Lo dirige el Dr. Teófilo Hernando y el plan de la obra consiste en encargar cada capítulo a un especialista reconocido. Hoy lo consideramos algo normal pero entonces era una novedad. Al año siguiente publica un nuevo libro “Las Glándulas de Secreción Interna y las Enfermedades de la Nutrición” y da una conferencia en el Ateneo de Madrid sobre “Significación Biológica de la Doctrina de las Secreciones Internas.” Esta conferencia constituye la primera aparición pública de Marañón fuera del ámbito académico, que continuaría de forma asidua con artículos de divulgación en el diario El Liberal. En este mismo año, 1915, escribe su primer prólogo, el primero de los muchos que escribiría en su vida. Lo escribió para la obra del Dr. Roldán Cortés “Influencia de la Literatura Moderna en las Enfermedades Mentales”. Los prólogos van a constituir una parte muy importante de la obra del Dr. Marañón. Baste decir que el primer tomo de sus obras completas, de más de mil páginas, está dedicado íntegramente a este género. En total escribió 220 prólogos ya que se sentía incapaz de rechazar cualquier solicitud que se le hiciese.

Viaja por Europa y conoce a los científicos más conocidos como Babinski, Cushing y Fleming. Apenas tiene 33 años de edad cuando es retratado por el pintor Sorolla por encargo de la Hispanic Society de Nueva York.

Como dato demostrativo de la curiosidad científica de Marañón mencionaremos su interés por el llamado procedimiento de Voronof, muy en boga en los años treinta del siglo pasado: con la intervención del Dr. Cardenal, catedrático de cirugía, se extirparon la hipófisis y las glándulas suprarrenales de un mono y se injertaron a un paciente con el síndrome adiposo genital y a otro con el “mal bronceado” respectivamente. Hoy nos parece normal que ambos casos fracasaran pero entonces era la investigación puntera.

En el año 1922 Marañón compra el famoso Cigarral de Menores en Toledo. Es en esta casa, donde pasaría todos los fines de semana durante el resto de casi toda su vida, donde realiza gran parte de su actividad intelectual y de sus escritos. Azorin, Pérez de Ayala, Juan Ramón Jiménez, Valle Inclán, Unamuno, García Lorca, Salvador de Madariaga, Menéndez Pidal y Ortega y Gasset entre otros, son algunos de los visitantes habituales del Cirgarral.

Como miembro destacado que era de la vida científica y social de su tiempo, no puede Marañón desentenderse de los problemas políticos. Le toca vivir los años tal vez más caóticos de la historia contemporánea española. Su primera incursión en ese mundo lo constituye el informe que realiza, encargado por el Ministro de Gobernación, junto con el Dr. Goyanes, el antropólogo Hoyos Sainz y Ortega y Gassset sobre la lamentable situación socio sanitaria de las Hurdes, que tendría como consecuencia el famoso viaje del rey Alfonso XIII a dicha región. En 1923 se instaura la Dictadura del general Primo de Rivera a la que Marañón se opone firmemente. Termina encarcelado durante un mes, incluyendo 16 días incomunicado. Más adelante y junto al filósofo Ortega y Gasset y el escritor Pérez de Ayala forma la Agrupación al Servicio de la República que hizo campaña en contra de la monarquía que consideraba ya agotada e incapaz de resolver los problemas de España. El 14 de abril de 1931 ganan las elecciones los republicanos y e rey Alfonso XIII abandona el país. Es precisamente en e domicilio del Dr. Marañón, en Madrid, donde se negocia la salida del rey: por parte monárquica el conde de Romanones y por parte republicana Alcalá Zamora que sería el primer presidente de la nueva república.

Muy a su pesar, porque no sabe decir que no, Marañón es elegido diputado de las Cortes Constituyentes del mes de junio por la circunscripción de Zamora en las listas de la conjunción republicano socialista. Durante el escaso tiempo que permaneció en su escaño, el Dr. Marañón no habló ni una sola vez en el Congreso.

En 1931 se crea, por decreto de la Presidencia del Gobierno, la cátedra de Endocrinología de la Universidad de Madrid. Esta asignatura se había de impartir en el doctorado y la cátedra le fue asignada al Dr. Marañón sin necesidad de someterse a unas oposiciones. Durante los años de la República la actividad científica del Dr. Marañón es muy intensa, dando lugar a más de cien publicaciones. Su actividad literaria también es intensa y en el año 1933 es elegido miembro de la Real Academia de la Lengua.

El 18 de julio de 1936 comienza la guerra civil. Marañón está en Madrid dedicado a sus actividades habituales. A pesar de su pasado claramente republicano, su vida corre peligro. Es interrogado varias veces en tribunales populares. La caótica situación política que se vive en Madrid durante los primeros meses de la guerra civil hace la posición de Marañón insostenible. En diciembre de 1936, junto Menéndez Pidal y sus respectivas familias abandona Madrid rumbo a Alicante. En el camino son ayudados por algunos oficiales republicanos que les reconocen y les dejan pasar. En Alicante embarcan en el destructor inglés Active que les lleva a Marsella. De allí a Paris donde pasará los próximos años. En Paris se encuentra con otros fugitivos de la guerra civil como Azorín, Ortega, Pérez de Ayala y el escultor Sebastián Miranda. En la capital de Francia es muy bien acogido tanto por las autoridades francesas como por sus colegas que le invitan a trabajar en distintos hospitales. No desaprovecha el tiempo libre y escribe su obra “Elogio y Nostalgia de Toledo”. Acude asiduamente a los Archivos Nacionales de Francia con la intención de conseguir datos sobre las emigraciones políticas españolas para una obra que proyecta escribir. Pero lo que encuentra es una gran cantidad de datos sobre uno de sus personajes favoritos, Antonio Pérez el secretario de Felipe II. Esta biografía todavía no ha sido superada a pesar de los años transcurridos. Comienza también a tomar notas de la que sería una de sus grandes obras médicas: el Manual de Diagnóstico Etiológico. Aun así todavía le da tiempo para viajar a Buenos Aires y Montevideo donde da varias conferencias. A su vuelta a Paris todavía tiene tiempo de ver la entrada de las tropas Alemanas en la capital. El miedo se apodera de Marañón cuando el jefe de las tropas nazis le manda aviso de que quiere verle. Alarma infundada: el general alemán solamente quería invitar a cenar a uno de los médicos más famosos de Europa.

Al terminar la guerra civil española, las autoridades franquistas niegan a Marañón la autorización para regresar a su país. Su notoriedad como personaje republicano pesa en su contra. De nada le vale que sus hijos hayan luchado en el bando nacionalista y que uno de ellos, Gregorio, ocupe algunos puestos de relevancia en el nuevo régimen. Sigue, por lo tanto, en Paris y aprovecha el tiempo para escribir otro libro sobre el exilio: “Luis Vives, un Español Fuera de España”. Por fin en 1942 es autorizado a regresar porque su hija Carmen está gravemente enferma. Será el regreso definitivo.

Tras ciertos tiras y aflojas es reintegrado a su cátedra de endocrinología, que en cualquier caso es declarada a extinguir al jubilarse el Dr. Marañón. Su vida profesional y literaria continúa. En 1943 publica su Manual de Diagnóstico Etiológico en el que han estudiado tantas generaciones de médicos españoles. Acumula nombramientos y honores: académico de La Lengua, de Bellas Artes, de Ciencias Físicas, Exactas y Naturales, de Medicina, del Instituto de Francia, Legión de Honor, doctor honoris causa por la Sorbona y por la Universidad de Coimbra. Seguramente nos quedamos cortos pero esto es lo que hemos podido averiguar.

No vamos a entrar en la gran canSe cumple este año el cincuenta aniversario de la muerte del Dr. Gregorio Marañón. Se trata sin duda, en opinión de muchos, del médico que más influencia ha tenido tanto en la medicina española como en la vida literaria e incluso política de nuestro país. Aunque otros médicos como Ramón y Cajal y Severo Ochoa realizaron descubrimientos fundamentales que les llevaron a la obtención del Premio Nóbel, ninguno tuvo tanta influencia sobre la práctica de la medicina clínica como el Dr. Marañón.

tidad de trabajos científicos que publica en estos años. En el año 1957 se jubila (le jubilan, diríamos más bien). A pesar e su jubilación (la gran trampa con que la muerte hace su gran cosecha, llama Marañón a esta situación administrativa) es autorizado a continuar su labor en el hospital y, por supuesto, continúa viendo a su numerosa clientela privada.

Los dos últimos años e su vida son difíciles. En varias ocasiones ha de interrumpir una conferencia por dificultades con el habla. En otras ocasiones le cuesta mantener la atención. Con su propia mano subraya un capítulo de su Manual de Diagnóstico Etiológico: Trombosis.

El día 26 de marzo de 1960 cena con su familia normalmente y se va a acostar. Nunca despertará.

2017-05-13T10:57:59+00:00 febrero 21st, 2017|Categories: Biografias|4 Comments

4 Comments

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    Patricia 21 febrero, 2017 at 6:52 pm - Reply

    Esta muy bien escrito aunque me gustaria saber mas de sus premios, un saludillo.

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    Paco Prieto, Torremolinos 21 febrero, 2017 at 6:52 pm - Reply

    La mayoria de los intelectuales españoles, verdaderamente comprometidos con la democracia, acabaron volviendo la espalda a los republicanos, acercandose a los sublevados.

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    Dr. Roberto Guevara Bravo 21 febrero, 2017 at 6:53 pm - Reply

    El manual de diagnostico etiologico es una gran obra lastima que no lo puedo encontraren mexico.

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    Rufina Sanz Gonzalez 21 febrero, 2017 at 6:53 pm - Reply

    En 1957, yo con 10 años, El Doctor Marañón, me diagnostico Hipotiroidismo, y gracias al Doctor soy una persona bastante normal, pues en aquellol años no habia ENDOCRINOLOGIA en España, solo El DOCTOR MARAÑÓN.
    Nunca me olvido del El. Un saludo afectuoso

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