LA PRIMERA ESCUELA DE MEDICINA DE ESPAÑA. EL MONASTERIO DE GUADALUPE

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Guadalupe es una pequeña ciudad de la provincia de Cáceres. Está situada un poco a trasmano de las principales vías de comunicación pero merece la pena visitarla para ver su extraordinario monasterio. Siguiendo la carretera de Mérida a Trujillo, se toma la desviación a Zorita y de allí a Guadalupe.

 

 

L A LEYENDA

Como es frecuente en las construcciones muy antiguas, el monasterio de Guadalupe tiene su leyenda. Parece que un pastor, llamado muy propiamente Gil Cordero, buscaba una oveja descarriada cuando se le apareció la Virgen María, así sin más. Cuando el pastor relató esta aparición, los clérigos de Cáceres fueron al lugar y encontraron semi enterrada una imagen de la Virgen que los cristianos habían ocultado cuando este territorio fue invadido por los árabes. Para celebrar el acontecimiento, los lugareños construyeron una ermita en este lugar.

LA HISTORIA

En el año 1330 el rey de Catilla y León Alfonso XI visitó la zona. La ermita le debió de parecer poca cosa para conmemorar un acontecimiento de esta magnitud y ordenó construir un monasterio. Terminada la construcción en el año 1389 se hicieron cargo del monasterio los frailes de la Orden de San Jerónimo. Estos frailes permanecieron en el monasterio de Guadalupe hasta el año 1835 cuando hubieron de abandonarlo a raíz de la desamortización de Mendizabal.  En 1908 se rehabilitó y consagró de nuevo el monasterio y en él se alojaron los frailes de la Orden de San Francisco.

EL HOSPITAL Y LA ESCUELA DE MEDICINA

Si visitan el monasterio de Guadalupe y preguntan a los guías que enseñan el monumento a los visitantes, les dirán que no saben nada sobre el hospital que se albergó el monasterio.  Pero es un hecho históricamente cierto que el hospital existió.

Los monjes Jerónimos tenían entre sus obligaciones atender a los peregrinos y a los enfermos. Para ello construyeron en el año 1518 un pabellón de enfermería, en el lugar donde hoy está la hospedería.  En algunos textos se mencionan tres hospitales, tal vez simplemente tres secciones del hospital, para hombres, para mujeres y el dedicado a los frailes.

El presupuesto para mantener esta enfermería era importante: en el año 1600 más de 13.000 ducados anuales. Atendían cinco frailes expertos en la materia, entre ellos dos cirujanos y un boticario. Se organizó una autentica escuela de medicina cuando todavía no se habían iniciado los estudios reglados en las universidades.  Se realizó por primera vez en España el estudio de la anatomía.  Numerosos profesionales se formaron en esta escuela, donde podían adquirir mucha práctica debido al gran número de heridos y de enfermos de todas las patologías que en sus salas se alojaban.

 

EL TRATAMIENTO DE LA SIFILIS

El verdadero prestigio médico de Guadalupe vino del tratamiento de la sífilis, materia en la que, por lo visto, los monjes eran expertos. Fue célebre su tratamiento a base de fumigaciones y sudoríferos y sobre todo del mercurio que los monjes traían de las minas de Almadén. Su renombre fue tal que acudían enfermos de todos los rincones del reino y hasta el ejército enviaba allí a sus soldados para ser tratados de sífilis hasta bien entrado el siglo XIX.

MORIR DE ÉXITO

Su éxito fue también su perdición pues el prestigio de sus frailes médicos hizo que muchos de ellos fueran solicitados por los nobles y otras gentes adineradas que necesitaban de sus servicios. Muchos de ellos llegaron a secularizarse pues era más agradable ejercer la medicina en un palacio que en un monasterio.

La Iglesia reaccionó pronto a esta deserción masiva de frailes médicos y cortó por lo sano. Prohibió a los frailes estudiar y ejercer la medicina.  El monasterio contrató médicos seglares pero ya no fue lo mismo. Y es que, cuando no existían los antibióticos, la ayuda de Dios era muy útil. Y en eso, los frailes de San Jerónimo tenían ventaja.

 

Para escribir esta historia nos hemos apoyado en las siguientes referencias:

José de Vicente González. Boticas Monásticas, Cartujanas y Conventuales en España. Editorial tres C tres.  La Coruña, 2002.

Informes  personales aportados por la Orden de San Jerónimo, 2003.

 

2019-03-22T11:32:57+00:00 octubre 8th, 2018|Categories: Practica medica en la historia|0 Comments

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