PAGANINI. NI MUERTO LE DEJARON DESCANSAR

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Nicolo Paganini ha sido uno de los más grandes violinistas de la historia. Dio su primer concierto a los trece años de edad y hasta su muerte recorrió las más importantes salas de conciertos de Europa. Su genio como músico, como violinista, fue ampliamente reconocido. No es este el lugar de entrar en la descripción de la obra musical de este autor. Nuestros lectores pueden encontrar esa información en otros lugares más acreditados en el campo de la música. A nosotros nos importa ahora, lo sucedido durante y después de su muerte.

LA SALUD DE PAGANINI

Paganini fue un niño débil y enfermizo. A causa del sarampión estuvo a punto de perder la vida.  En distintos estudios biográficos se mencionan diversas enfermedades: sífilis, intoxicación mercurial (seguramente por la acción de los medicamentos que contenían este compuesto, medicamentos muy utilizados entonces en el tratamiento de la sífilis), absceso dental y osteomielitis del maxilar, retención urinaria, tuberculosis y una afonía progresiva que le dificultaba hablar durante los últimos años de su vida. En algún informe se menciona el síndrome de Marfán, enfermedad del tejido conjuntivo que se manifiesta, entre otros signos, por manos muy finas y dedos muy largos. Esta situación, de ser cierta, habría facilitado su extraordinario virtuosismo con el violín.

EL VIRTUOSO VIONISTA QUE VENDIÓ SU ALMA AL DIABLO

Sobre el escenario, los espectadores veían a un hombre muy delgado, de cara fina y alargada, aspecto un algo cadavérico, que cuando tocaba el violín se contorsionaba en posturas dificilísimas mientras sonaba una música maravillosa. Pronto se extendió el rumor de que su aspecto y su gran virtuosismo solo podía deberse a que el músico había realizado un pacto con el diablo. Incluso había gente que aseguraba haber visto a demonio detrás del violinista, conduciendo sus brazos, durante los conciertos. La verdad es que Paganini nunca se esforzó en negar esta relación.

LA HORA DE LA MUERTE

Sus últimos años los pasa asediado por fuertes dolores. La sífilis y la tuberculosis seguramente son la causa de una severa afonía que casi le impedía hablar. Se comunicaba con los demás a través de su hijo Achilles, que hacía grandes esfuerzos por oír y entender lo que su padre intentaba decirle. Un año antes de su muerte fue examinado por un prestigioso especialista de la Universidad de Montpellier que menciona en su informe una excitación nerviosa excesiva, afectación de la porción lumbar de la médula espinal y una sífilis que ha afectado al paladar. No menciona la tuberculosis pero al año siguiente, el 27 de mayo de 1840, Paganini sufre un intenso ataque de tos cuando se disponía a sentarse a la mesa para comer y muere. Esto sucedía en la ciudad de Niza a donde el músico se había trasladado en busca de un clima benigno donde mejorar de sus varias enfermedades.

CON LA IGLESIA HEMOS TOPADO

En su lecho de muerte Paganini fue visitado por el canónigo Caffarelli, enviado por el obispo de Niza monseñor Galvano. Su intención era confesar y administrar los últimos sacramentos de la Santa Iglesia a Paganini. En el primer intento no pudo ser pues el músico estaba aquejado de intensos dolores. En el segundo intento tampoco pudo ser pues Paganini estaba fuertemente sedado. Caffarelli pudo entrar en el dormitorio para comprobar este hecho. En el tercer intento Paganini acepta confesarse pero como casi no puede hablar pide hacerlo por escrito, por lo que precisa de una pizarra. En el cuarto intento, cuando el confesor acude con la pizarra, Paganini había muerto. Caffarelli, tal vez enfadado por este fracaso, cargó las tintas en su informe: en el domicilio del violinista no había imágenes religiosas, solo cuadros subidos de tono como una Venus de aspecto poco cristiano. Además Paganini, hombre de economía potente, nunca había distinguido a la Iglesia con sus donaciones, cosa imperdonable.  En realidad, Paganini fue poco dado a la religión pero tampoco su enemigo. En su testamento solicitaba un funeral sencillo y cien misas por su alma en la iglesia de los Capuchinos. Pero el obispo de Niza, monseñor Galvani, lo tuvo muy claro: Paganini no podía ser enterrado en tierra sagrada.  Su vida no había sido la de un buen hijo de la Iglesia, había rechazado los últimos sacramentos y, además,  todo el mundo sabía que había vendido su alma al diablo.

NI MUERTO LE DEJARON DESCANSAR

El cadáver de Paganini fue embalsamado. Mientras se intentaba que el señor obispo cambase de opinión, uno de los amigos el conde de Cessole traslada el féretro a una almazara de su propiedad a las afueras de Niza. Pero cuando llega la época de la cosecha hay que desalojar la almazara y el féretro es trasladado al lazareto de Villafranca. Pero al director del lazareto no le entusiasmaba la idea y pidió que el cuerpo de Paganini fuese trasladado a otro lugar lo antes posible. A partir de este momento existen varias versiones sobre el movimiento, nunca mejor dicho, del ataúd de Paganini.

Primera versión

Según esta versión, unos amigos del músico entre los que se encontraban los condes de Coconato y Pierlas, el pintor Ziem, el escultor Saint – Marc y más gente, tomaron a hombros el féretro, en medio de una tempestad,   y lo llevaron bordeando la costa hasta una finca propiedad del conde de Pierlas. Allí, al borde del mar, fue enterrado en una fosa sobre la que se puso una sencilla lápida con el nombre del violinista.

Segunda versión

Según esta versión Achille, hijo de Paganini, embarcó el féretro en un velero y puso rumbo a Génova. Allí no pudo desembarcar pues la ciudad estaba sufriendo una epidemia de cólera. Puso entonces rumbo a Marsella pero tampoco le fue permitido hacer puerto. De nuevo se hace a la mar y pone rumbo a Cannes donde tampoco le autorizan a desembarcar.   Achille puso esta vez rumbo a las islas de Lerins y en islote de San Ferreol enterró a su padre.

Tercera Versión

Esta parece ser la versión más fiable y documentada. El 16 de abril de 1844, casi cuatro años después de la muerte de Paganini, el ataúd es sacado del lazareto de Villafranca y trasladado en el buque María Magdalena a la ciudad de Génova. Este traslado se hizo con discreción pero con el conocimiento y permiso del gobierno del Piamonte. El féretro es depositado en una habitación de la villa que Paganini poseía en Polcevera. En mayo de ese mismo año, la Gran Duquesa María Luisa de Parma (antes María Luisa de Austria, esposa de Napoleón I) ordena trasladar en secreto los restos de Paganini a la ciudad de Parma donde serían enterrados en un parque fuera del cementerio, fuera de tierra sagrada.

Por fin en 1876, tras interceder en la Santa Sede, se obtiene la autorización para enterrar a Paganini en el cementerio de Parma.  Como la ciudad crece, este cementerio es clausurado para dejar sitio a nuevas construcciones y los restos son trasladados al nuevo campo santo. Esto sucedía en 1896. No consta que desde entonces, los restos de Paganini hayan cambiado de residencia.

 

Para la realización de este artículo nos hemos apoyado, sobre todo, en estas referencias:

Manuel Román Copons. La macabra odisea de Paganini. Historia y Vida. Número 24, marzo de 1970.

Marcelo Miranda y otros. Nicolo Paganini. Aspectos Médicos de su Vida y su Obra.    Rev. Med. De Chile 2008; 136: 930 – 936.

 

 

 

2018-02-20T09:35:29+00:00 febrero 20th, 2018|Categories: Biografias|0 Comments

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