PARACELSO, DE LA ALQUIMIA A LA MEDICINA

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UN HOMBRE REÑIDO CON SU EPOCA

Paracelso fue un hombre reñido con su época. Nacido en la pobreza nunca salió de ella a pesar de haber podido progresar económicamente. Tuvo que caminar por los confusos senderos que llevaban de la Edad Media al Renacimiento. Alquimista y médico de formación (más bien cirujano, que en aquellos años eran un escalón por debajo de los médicos) utilizó su alquimia para purificar minerales con el objeto de usarlos como medicamentos. Fue el primero en hacerlo por lo que tuvo que enfrentarse al resto de sus colegas. Su extremadamente mal carácter le hizo enfrentarse con la clase médica y política del momento y siempre fue obligado a abandonar sus ciudades de residencia a pesar de su prestigio médico. Simplemente no podía dejar de criticar agriamente a quienes todavía sostenían como ciertas los conceptos de Galeno y Avicena, En lugar de considerar toda las enfermedades como una alteración global de organismo, separó las diversas dolencias en distintas enfermedades e insistió en la dosificación precisa de los medicamentos. A pesar de estas ideas tan adelantadas para su época, le quedaban resabios medievales como considerar que la posición de los astros influían en las enfermedades y su tratamiento. En lo social siempre estuvo al lado de los más pobres, uniéndose a la rebelión de los anabaptistas a pesar de no estar de acuerdo con sus ideas religiosas. Este hecho a punto estuvo de costarle la vida. Nos dejó un legado muy importante de textos médicos pero a pesar de todo su rebeldía contra todo lo establecido le llevó al ostracismo y la pobreza. Murió solo y casi indigente en 1541 a los 48 años de edad.

Paracelso fue un reformador de la medicina de su época, contra todo y contra todos. Y lo pagó bien caro.

INFANCIA Y JUVENTUD

Paracelso nace en la villa alemana de Einsiedeln en 1493. Su padre, que se llamaba Guillermo, por alguna razón bautizó a su hijo con el nombre de Teofrasto. Médico y alquimista enseñó a su hijo las primeras letras y los rudimentos de la alquimia. Era hijo ilegítimo de la familia Bombast de Hohenheim pero su ilegitimidad le impedía usar este apellido. De no ser así su hijo debería llamarse Teofrasto Bombastus von Hohenheim (de hecho con este nombre ha pasado a la historia). Guillermo fue médico de gente humilde y no hizo fortuna y Teofrasto pasó estos años en la pobreza. Su madre, deprimida crónica se suicidó tirándose al río desde un puente.

La situación de la familia mejoró cuando se trasladaron a la ciudad de Villach porque allí cerca, en Huttengerg, la familia de banqueros Fugger tenía unas minas donde el padre, gracias a sus conocimientos de alquimia, pudo conseguir un empleo bien remunerado. Con su padre, Teofrasto aprende a clasificar metales y en el cercano monasterio benedictino de Lavanthal conoce al obispo Erhard, gran alquimista con el que perfecciona sus conocimientos.

ESTUDIA MEDICINA

A partir de entonces comienza un peregrinaje por diversas universidades (Heidelberg, Friburgo y Colonia entre otras) sin gran aprovechamiento. Por fin en Viena consigue el título de Bachiller (era así como se denominaba el título de los primeros cuatro años de universidad estudiando el trivium y el quadrivium). Finalmente en Ferrara inicia los estudios de medicina pero no los termina porque pronto se enrola en diversos ejércitos siempre en guerra por aquellos contornos (el ejército francés de Francisco I, el español enviado por Cisneros para defender intereses españoles) como cirujano. Desde entonces siempre será cirujano y nunca llegará a obtener la titulación de médico. Siempre vestirá. Por lo tanto, la toga corta y no la larga de los médicos latinistas.

A partir de 1517 hace numerosos viajes, pero es difícil saber si sus relatos son reales o solo fruto de su fantasía. Parece que viajó a Lisboa a través de España con parada en Granada. También es posible que viajara a Inglaterra, Prusia, Polonia y Hungría. En 1520, viaja a Constantinopla donde conoce a un mago que le proporciona la piedra filosofal. Parece ser que fue en esta ciudad donde consiguió el láudano, una droga que tanto y con tanto provecho iba a usar en el futuro. También es posible que con la flota Veneciana recorriera el mediterráneo hasta Egipto. Es imposible confirmar la veracidad de estos hechos.

LA MEDICINA DE SU EPOCA

La medicina de su época, transición de la Edad Media al Renacimiento, mira hacia el pasado, hacia los clásicos griegos y latinos. Se estudia a Galeno y a Avicena. Se considera que en el cuerpo humano hay cuatro elementos fundamentales, el agua, el aire, la tierra y el fuego. Estos elementos dan lugar a los humores corporales, la flema (agua), bilis negra (tierra), bilis amarilla (fuego) y sangre (aire). La salud consiste en el equilibrio de estos humores y la enfermedad en su alteración. Los tratamientos se basan, según estos criterios, en eméticos, purgas y sangrías. El axioma fundamental es que lo contrario cura a lo contrario por lo que, por ejemplo, una enfermedad caliente como la fiebre se ha de tratar con agua helada. Los alimentos también tienen su importancia. Los de origen animal dan energía, los vegetales pueden ser medicamentos y los minerales son veneno. Galeno y Avicena en su cumbre.

MEDICO Y ALQUIMISTA CONTRA TODOS

Teogfrasto se enfrenta a toda esta situación. No acepta la separación de médicos y cirujanos y trata las enfermedades encomendadas a unos y a otros. En sus enseñanzas y escritos utiliza muchas veces su lengua vernácula, el alemán, en lugar del latín aunque no siempre es posible. No acepta la teoría de los humores y considera que cada enfermedad tiene una causa concreta y por lo tanto debe tratase con medicación concreta. Ya utilizaba el láudano como hemos visto y rechaza que los minerales sean venenosos. Simplemente es preciso dulcificar los minerales mediante la alquimia para evitar su toxicidad. Así modifica el tratamiento de la sífilis con el mercurio, ajustando la dosis y evitando la enorme toxicidad que había desacreditado a este metal.

Utiliza otro metal, el antimonio, como purga. Recomienda las aguas minerales para diversos procesos porque nada en la naturaleza es nocivo, todo depende de la cantidad y la calidad. Como vemos, no utiliza la alquimia para trasmutar metales y conseguir oro, cosa en la que no cree, sino para purificar minerales y metales para conseguir medicamentos. Se burla de las supersticiones curativas y de las reliquias como remedios para las enfermedades. Pero aun así, acepta que la locura puede ser una posesión demoníaca. En general, es contrario a todo lo establecido en medicina y defiende sus ideas con gran vigor lo que le acarrea la enemistad de los estamentos profesionales e incluso políticos.

SIEMPRE CON LOS MAS NECESITADOS

En lo social está siempre al lado de los desvalídos y oprimidos. Así en la revuelta de los campesinos anabaptistas que defendían tanto sus ideas religiosas frente a los luteranos como sus deseos de libertad para salir de su condición de casi esclavitud, Teofrasto se pone de su parte y les asiste como médico. Deja claro que no comparte sus ideas religiosas, que le parecen extravagantes, pero apoya sus peticiones que le parecen justas. Finalmente los anabaptistas son derrotados y represaliados con dureza especialmente en Salzburgo y Teofrasto tiene que escapar con gran riesgo para su vida.

DE CIUDAD EN CIUDAD

En 1528 se traslada a Estrasburgo porque se ha enterado de que en aquella ciudad se acepta a los cirujanos con el mismo nivel que a los médicos. Pero sus ideas chocan con lo establecido. Quema en público los libros de Avicena, al que llama el Lutero de la medicina, con lo que la medicina queda purgada. Teofrasto siempre se mantuvo dentro del catolicismo aunque a veces bordeando la herejía. En fin, fue expulsado sin contemplaciones de esta ciudad.

Marcha a Basilea. Allí el famoso impresor Frobenius padece un problema (no sabemos cual) en una pierna y sus médicos aconsejan la amputación. Por consejo de Erasmo de Róterdam Teofrasto es llamado en consulta. Trata a Frobenius y evita la amputación. Este éxito incrementa su ya importante prestigio y es nombrado médico municipal con derecho a dar clase en la Universidad. Pero los grandes Profesores no le admiten y se ve obligado a dar clase al aire libre enfrente de la Universidad con gran éxito de público. Pero su mal carácter le traiciona de nuevo. Se enfrenta e insulta a los boticarios. Ya enfrentado con la Universidad, se indispone con los ediles municipales y se hace enemigos por todas partes. Como era de esperar, es invitado a dejar la ciudad.

En Nuremberg lo intenta de nuevo. Ya era prestigioso como médico pero aborrecido como persona. Pare intentar desprestigiarle los médicos locales le envían quince enfermos desahuciados para ver si es capaz de curarles. Teofrasto cura a nueve de ellos ante el asombro de sus detractores. También escribe un folleto sobre el tratamiento de la sífilis mediante el mercurio adecuadamente purificado y dosificado. Hasta entonces el tratamiento admitido era base del guayaco, una planta traída de América y que por lo tanto no figuraba en las farmacopeas clásicas. Teofrasto denuncia este tratamiento como ineficaz. El problema era que la familia de banqueros Fugger tenía el monopolio de importación y venta del guayaco. Como no, Teofrasto tiene que abandonar la ciudad.

Se establece en Saint Gall donde escribe la que seguramente es su obra más importante. Se trata de su Opus Paramirum (que quiere decir lo que está por encima de toda maravilla) que es un compendio de escritos anteriores. Por primera vez firma como Paracelso que algunos han atribuido a su megalomanía, traduciendo este nombre como el que está por encima de Celso, gran médico de la medicina clásica.

En su Opus Paramirum se deslindan algunas enfermedades como la locura y las enfermedades de la mujer. ¿La primera mención a las especialidades?. Habla del cuerpo humano como un centro de alquimia con su horno en el estómago donde se cuecen las sustancias primordiales que llama arcanos.

CAMINO DEL FINAL

Con la edad y los distintos enfrentamientos, Paracelso se va moderando y busca la tranquilidad. Marcha a Neoburgo y se refugia en el castillo del duque de Baviera. Es una época de tranquilidad. Allí conoce a dos personas que serán importantes en su vida. Uno de ellos, Killian, es un alquimista con el que trabaja muy a gusto. El otro es el bibliotecario del castillo que se da cuenta de la importancia de la obra de Paracelso y le insiste par que ponga por escrito sus conocimientos y experiencias. Paracelso así lo hace y escribe algo totalmente nuevo, la Archidoxa, un tratado de química para médicos. Todavía hoy, la biblioteca del castillo de Neoburgo es un importante depósito de los escritos de Paracelso. En 1536 publica su Gran Libro de la Cirugía que obtiene tanto éxito que ha de reimprimirse.

Continúa su peregrinaje camino de sus últimos días. Regresa Efferdingen donde se aloja en casa de Johann von Brant, un humanista interesado en las ciencias ocultas que insiste a Paracelso para que deje por escrito un resumen de sus conocimientos. Por fin escribe su Gran Astrología o Filosofía Sagaz de los Mundos Superior e Inferior.

En 1537, ya cansado, regresa a Villach donde había fallecido su padre, que fue un personaje querido y espetado por todos. Pero los médicos de la ciudad no le quieren y le invitan a marcharse.

En 1540 llega a Salzburgo, de donde hace años tuvo que huir por el problema con los anabaptistas. Pero el obispo le ofrece asilo para que pase sus últimos días. Paracelso muere solo y pobre el 24 de septiembre de 1541. Dispuso que sus pocas pertenencias fuesen distribuidas entre los pobres. Como era su deseo, fue enterrado en el hospicio de San Sebastián.

Para realizar este artículo nos hemos basado fundamentalmente en estas referencias:

Javier Puerto. Paracelso,el Hombre en Llamas. Nivola Ediciones. Madrid 2001.

Juan García Font. Paracelso, Mago, Cirujano y Colectivista. Historia y Vida. Número 50, Mayo 19722.

2018-05-10T16:22:21+00:00 mayo 10th, 2018|Categories: Practica medica en la historia|0 Comments

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