SAUERBRUCH, PIONERO DE LA CIRUGIA DE TORAX, HOMBRE Y VICTIMA DE SU TIEMPO

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Vamos a repasar la vida de Ferdinand Sauerbruch, uno de los cirujanos europeos más importantes de la primera mitad del siglo XX. Sus investigaciones, iniciadas en animales en el año 1903, hicieron posible la cirugía de tórax con su cámara de presión negativa. En un momento de la historia en la que la tuberculosis pulmonar hacía estragos entre la población, la posibilidad de operar sobre el pulmón permitió salvar una cantidad enorme de vidas. Pero la vida de Saueerbruch es algo más que la de un cirujano. Sauerbruch vivió la complicada historia europea de la primera mitad del siglo XX. Tuvo ocasión de conocer a algunos de los protagonistas de esta historia e incluso de tratarlos como pacientes. Patriota alemán, participó como médico en el ejército alemán tanto en la primera como en la segunda guerra mundial. Sus análisis, anécdotas y comentarios de esta experiencia, junto con su actividad de cirujano de fama internacional, hacen de Ferdinand Sauerbruch algo mas que un simple médico.

INFANCIA Y JUVENTUD

En el año de 1871 se proclama el Imperio Alemán que ofrece la corona hereditaria al rey Guillermo I de Prusia. En este mundo alemán que parece ha de durar para siempre, nace en la pequeña ciudad de Barmen, el el año 1875, Ferdinand Sauerbruch. Su padre, director comercial de una fábrica de tejidos, muere cuando Ferdinand era un niño pequeño. De hecho, Ferdinand nunca tuvo un recuerdo personal de su padre aunque si tenía sus fotografías. Esta muerte deja a la familia en una situación muy precaria.

Madre e hijo han de trasladarse a Elberfeld a casa del abuelo materno. El abuelo era un zapatero que confeccionaba calzado a medida para la clase media alta de la región. Acude a la escuela pública donde progresa sin grandes dificultades y en 1885 ingresa en el instituto local.

Geheimrat Prof. Dr. Sauerbruch, Ferdinand

ESTUDIOS DE MEDICINA

Después de una breve estancia en la Universidad de Marburgo, donde pensó en estudiar para maestro, Ferdinand se traslada a la Universidad de Leipzig para estudiar medicina. . Esta carrera le entusiasma y se gradúa en el año 1901. Su primer empleo terminada la carrera fue como médico rural y más adelante trabaja en algunas clínicas modestas. Fue precisamente en esta época cuando tuvo ocasión de tratar algunas heridas penetrantes de tórax y de comprobar como la entrada de aire en la cavidad torácica producían el colapso del pulmón (pneumotórax) y la muerte del paciente.

SE HACE CIRUJANO

En el año 1903 ingresa en el servicio de cirugía de la Universidad de Breslau, servicio que dirigía el Dr. Mikulicz, uno de los grandes cirujanos de la época. En Breslau adquiere experiencia como cirujano. Cuando Mikulicz comprueba que el Dr. Sauerbruch maneja con solvencia las técnicas de la cirugía, le encarga investigar en el animal de laboratorio los problemas de la cirugía de tórax, hasta entonces imposible por el colapso del pulmón. La cavidad torácica, con presión negativa, no podía resistir la entrada de aire con presión positiva al abrir el tórax. Sauerbruch nunca se le olvidarán las palabras de su jefe al encargarle este cometido: cientos de miles de personas mueren de tuberculosis pulmonar solo porque aun no sabemos operar en el tórax.

SU GRAN HALLAZGO

Sauerbruch dedica todas sus horas libres a estudiar la fisiología pulmonar y las causas del pneumotórax. Es imposible abrir la cavidad torácica sin que el pulmón se colapse. De pronto, cuando todo parecía perdido se le ocurre su gran idea: es preciso crear un espacio de presión negativa donde introducir al paciente y operarle. Esta idea, que inicialmente parecía absurda, fue llevada poco a poco a la práctica. Primero construyó una cámara de presión negativa (este sería el nombre definitivo de esta técnica) de pequeño tamaño para probarla con animales como el perro. Se introducía el tórax del animal dentro de la cámara, se hacía la presión negativa mediante aspiración, se introducían las manos del cirujano a través de aberturas que se cerraban herméticamente alrededor de los brazos y se operaba abriendo el tórax del animal. El invento funciono y se construyeron cámaras mayores para poder operar a los humanos. Esta cámara era suficientemente grande como para que los cirujanos pudieran entrar en ella y operar. A pesar del escepticismo inicial con el que fue recibida esta técnica por los demás especialistas, quedó establecido por primera vez en la historia que era posible la cirugía sobre los pulmones.

Cierto es que a Sauerbruch y a su maestro Mikulicz también se les ocurrió la técnica inversa, es decir insuflar aire a presión en los pulmones a través de la mascarilla de anestesia. Pero esta idea no funcionó por motivos técnicos, pues introducir aire a suficiente presión a través de la boca y hacerla compatible con la anestesia de cloroformo resultó imposible y la idea fue desechada.

La cámara d presión negativa fue presentada en el Congreso de Cirugía de Berlin en 1904. Causó una gran impresión pues hasta entonces nadie había podido operar el pulmón. Pero Sauerbruch se llevó una sorpresa. Otro cirujano, Ludolph Brauer, de Heidelberg, presentó la técnica de hiperpresión a través de la mascarilla de anestesia, la misma que Sauerbruch había desechado por ineficaz. Pero con ciertas mejorías técnicas parecía que, en el futuro, podría ser una alternativa más simple y económica a la cámara de presión negativa.

NUEVOS CAMBIOS

En el año 1905 muere el Dr. Mikulicz, jefe del servicio de cirugía de Breslau, de un cáncer de estómago del que fue operado sin éxito. Su sucesor, el Profesor Garre, como era lo habitual en aquella época, trajo consigo a todo su equipo por lo que Sauerbruch y los demás cirujanos tuvieron que abandonar Breslau. Primero se traslado a Greifswald, donde conoció a Ana la que después sería su esposa, y en 1907 a la Universidad de Marburgo. Fueron años en los que la cirugía de tórax y la cámara de presión negativa quedaron a un lado pues no encontró ni interés ni medios para ello.

VIAJE A LOS ESTADOS UNIDOS.

Por aquellos años fue invitado por la Sociedad Quirúrgica de América a dar unas conferencias en los Estados unidos. Por supuesto, llevó consigo una cámara de presión negativa perfectamente desmontada y embalada. Visitó Nueva York y la Clínica Mayo en Rochester. Sus conferencias fueron atendidas por numerosos especialistas pero nadie se interesó por ver en funcionamiento la cámara de presión negativa. El interés de los americanos se centraba más en el problema de la apendicitis aguda, proceso casi siempre mortal en aquellos tiempos. Demasiado cocktail y demasiada apendicitis, fue literalmente el resumen que Sauerbruch hizo del viaje.

EN LA UNIVERSIDAD DE ZURICH

En 1919 la Universidad de Zurich ofrece a Sauerbruch el puesto de Jefe de Cirugía para sustituir al Profesor Rodolfo Krönlein que se retiraba por motivos de salud. Precisamente fue Krönlein el primer cirujano que realizó la extirpación del apéndice en un caso de apendicitis aguda, señalando así el camino a los futuros cirujanos.

La Universidad de Zurich tenía los medios económicos y técnicos para que Sauerbruch desarrollara en toda su plenitud la cirugía de tórax. Ya era muy conocido en este campo de la cirugía y fue muy bien recibido por la comunidad científica de toda Suiza. La gran cantidad de sanatorios antituberculosos de ese país le proporcionaron numerosos pacientes para su cámara de presión negativa. Atendía no solo a los enfermos de los servicios públicos sino también a un gran número de pacientes privados que acudían de todos los países del mundo, hasta el punto que costeo de su propio bolsillo la construcción de una clínica privada solo para sus pacientes. Como anécdota, atendió de un absceso bucal a un joven estudiante ruso sin recursos, llamado Ulianov, más tarde conocido como Lenin. También tuvo la oportunidad de tratar al “viejo Rotschild”, el primero de es dinastía financiera. Otro paciente ilustre fue el entonces destronado rey Constantino de Grecia (eran días de la Primera Guerra Mundial) que en aquellos momentos no pudo pagar sus honorarios pero que, una vez repuesto en el trono, pagó su deuda hasta el último céntimo.

LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

En 1914 comienza la Primera Guerra Mundial. Sauerbruch, como buen patriota, pidió licencia temporal en la Universidad de Zurich y se ofrece como voluntario al ejército alemán. Es nombrado cirujano del XV cuerpo de ejército con base en Estrasburgo. Trabajó en los hospitales de sangre tratando a los heridos. Esta experiencia le llevó al diseño de unas prótesis de mano y de brazo para rehabilitar a los abundantes amputados que resultaron en aquella contienda.

 

En el año 1915, todavía en plena guerra, un convenio de buena relación entre Suiza y Alemania permiten a Sauerbruch reintegrarse a su puesto de Zurich. A su regreso, el ambiente no era el mismo. Aunque Suiza era formalmente un país neutral, no todos los médicos y estudiantes de su servicio lo eran. Su mal carácter y trato despótico a sus subordinados (características bien conocidas de Sauerbruch de siempre) y el hecho de que varios de sus ayudantes médicos eran alemanes, fueron la base de varias denuncias sobre el carácter alemán de nuestro cirujano. El ambiente ya nunca fue el mismo. Además, durante esta segunda estancia en Zurich cruzaba frecuentemente la frontera alemana para atender a los heridos de guerra en un hospital de la cercana ciudad de Singen. Cada vez que cruzaba la frontera los aduaneros suizos le sometían a un concienzudo registro pues a veces llevaba consigo instrumentos quirúrgicos lo que podía considerarse exportación a un país en guerra, lo que sería contrario a la neutralidad de Suiza.

El prestigio internacional como cirujano de Sauerbruch fue utilizado por el gobierno alemán y Sauerbruch se prestó gustoso a ello. En 1918, todavía en plena guerra, fue llamado a Berlin por el Emperador Guilermo II quien le pidió personalmente llevar cartas confidenciales al rey Fernando de Bulgaria y al sultán de Turquía en Estambul. Esta misión era secreta y el Emperador confiaba en que Sauerbruch, bajo su condición de cirujano famoso, vestido con el uniforme alemán de inspector médico, podría hacer el viaje sin despertar sospechas pues parecería un viaje por motivos profesionales. Esta misión se llevó a cabo sin complicaciones.

REGRESO A ALEMANIA

En el verano de 1918 los alemanes, incluso los más militaristas, estaban convencidos de que la guerra estaba perdida. En este ambiente, las fuerzas políticas proclaman la República de Weimar, por el nombre de la ciudad donde se tomó esta decisión. El emperador Guillermo II abdica y se exilia en Holanda.

En esta situación, Sauerbruch decide abandonar Zurich y trasladarse a Munich a dirigir el servicio de cirugía de su universidad. El rey de Baviera (hay que recordar que hasta el final de la guerra la Gran Alemania estaba constituida por 21 pequeños estados entre Monarquías, Grandes Ducados, Ducados y Principados) le nombra consejero de la corte y médico general del ejército Bávaro. Fue el último nombramiento del rey de Baviera, pues comenzó la revolución.

El colapso político de Alemania tras la derrota militar, lleva a la insurrección en toda la nación con la aparición de protagonistas hasta entonces inéditos. Socialistas, comunistas, sindicatos y patronales pugnan por conseguir su cuota de poder. El gobierno utiliza al ejército para sofocar duramente estas insurrecciones. Baviera no era la excepción. El socialista Kurt Eisner, dirigente populista en Munich, es asesinado de un disparo y se proclama la república comunista de Baviera.

CONDENADO A MUERTE

El asesino de Eisner fue un joven teniente, el conde Antón De Arco. Durante el atentado, fue gravemente herido en el cuello y llevado al Hospital Universitario donde fue operado por Sauerbruch. El paciente sobrevivió a la intervención y fue ocultado en una buhardilla pues los comunistas le buscaban para ajusticiarle. Pero finalmente fue encontrado y Sauerbruch fue condenado a muerte, como cómplice, por un tribunal popular. La sentencia no llegó a cumplirse porque fue reconocido por un revolucionario antiguo paciente suyo, que organizó su fuga de la prisión en medio de toda aquella confusión revolucionaria.

LA VIDA EN MUNICH

Pasada la revolución, Sauerbruch reanuda su actividad quirúrgica. Por supuesto no dispone de los medios y facilidades de Zurich, pero poco a poco va normalizando su situación. Vuelve a tener prestigio y dinero y disfruta de la vida social de la ciudad. Manda construir una cámara de presión negativa pero no llega a usarla. La técnica de sobrepresión de Brauer había sido mejorada y se impuso en la cirugía de tórax.

Durante esto años comenzaron en Alemania los problemas del antisemitismo. Algunos miembros de la Universidad, de raza judía, tuvieron que dimitir de sus cargos e incluso emigrar. En algunos casos, Sauerbruch intercedió por ellos pero sin éxito. Fue en estos días cuando Sauerbruch conoció a Hitler, ya Jefe del Estado del III Reich. Sauerbruch había operado de un bocio al general Ludendorff, héroe de la primera guerra mundial. Hitler le llevaba un nombramiento de mariscal general, pero Ludendorff lo rechazó.

Como anécdota mencionaremos que entre sus muchos pacientes famosos en Zurich, se encontraba Roentgen, el descubridor de los rayos X.

FINALMENTE A BERLIN

En 1927 el Ministerio Prusiano de Instrucción Pública le ofrece la jefatura de cirugía de la Universidad de Berlin. Tras mucho pensarlo, pues se encontraba muy a gusto en Munich, Sauerbruch acepta y en 1928 toma posesión de su jefatura en el hospital universitario de la Charite de Berlin.

Son años de gran actividad quirúrgica pero que quedan ensombrecidos por las relaciones de Sauerbruch con el nazismo. En su autobiografía apenas menciona esta relación, solo habla de casos clínicos y de algunos pacientes famosos, como el Presidente del Reich Hindemburg, ya muy mayor y enfermo. Fue testigo de algunas de la reuniones de Hindemburg con su jefe de gobierno Hitler y de comprobar la mala relación entre ambos.

La toma del poder por el Nacional Socialismo en 1933 fue bien recibida por Suerbruch. También apoya la salida de Alemania de la Liga de Naciones y se opone a la vigente constitución democrática de Weimar.

No era posible mantener la equidistancia. Su ayudante de muchos años, desde Zurich, el Dr. Nissen, era judío y su vida corría peligro. Aprovechando un viaje a Estambul con motivo de un congreso, Saurbruch lo llevó con él. Desde Estambul Nissen pudo viajar a los Estados Unidos librándose así de una persecución segura. También fue miembro de la Socidad de los Miércoles (por el día de la semana en que se reunían) fundada por Humboldt en el siglo XVIII. Esta sociedad, a la que Sauerbruch asistía regularmente, estaba formada por científicos de primer nivel. Muchos de ellos fueron ejecutados por su relación con el atentado contra Hitler del 20 de julio de 1944. Parece seguro de que Sauerbruch no estaba al tanto de la conspiración.

Pero muchos más episodios le relacionaron con el nazismo. Le fue otorgado el Premio de las Artes y Ciencias de Alemania, equivalente al Nobel del Nacional Socialismo. Fue jefe del Consejo de Investigación Científica del Reich. Fue General Médico durante la Segunda Guerra Mundial. Tuvo que presenciar como trece de los profesores de la Charite fueron expulsados por ser judíos. Era amigo del Dr. Karl Brandt, médico personal de Hitler, que fue condenado y ejecutado en el proceso de Nuremberg.

EL FINAL

Sauerbruch continua operando en un bunker del hospital de la Charite cuando, tras el colapso del ejército alemán, las tropas rusas entran en Berlin. Finalizada la contienda, es desposeído de su cargo en la Charité y también cesa de su cargo de Consejo Municipal de Berlín. Sufre un proceso de desnazificación, que le declara inocente de crímenes de guerra. Tal vez por todos estos contratiempos, desarrolla comportamientos erráticos en el quirófano y aparecen signos de esclerosis senil, lo que le obliga a dejar de operar.

El Dr. Ferdinand Sauerbruch muere en Berlin el 2 de julio de 1951, un día antes de cumplir los 76 años.

Sauerbruch fue un hombre de su tiempo y tal vez su víctima. Gran cirujano, patriota alemán, fue absorbido por el torbellino de los cambios sociales y políticos del siglo XX que llevarían a dos Guerras Mundiales. Pero nada de esto nos puede hacer olvidar los grandes progresos dela cirugía del tórax que le debemos. Progresos que llevaron a salvar muchas vidas.

Para realizar este breve estudio sobre Ferdinand Sauerbruch nos hemos apoyado en los siguientes textos:

Ferdinand Sauerbruch. Mi Vida. Memorias de un Gran Cirujano. Ediciones Destino 1961.

Jürgen Thorwald. El Triunfo de la Cirugía. Ediciones Destino, 1960

Marc Dewey y otros. Ernst Ferdinand Sauerbruch and His Ambiguous Role in the Period of National Socialism. Annals of Surgery. Volume 244, Number 2, August 2006.

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2018-07-13T09:35:24+00:00 octubre 20th, 2017|Categories: Biografias|0 Comments

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