EL HUESO LUZ Y LA RESURRECCION DE LOS MUERTOS SEGUN EL TALMUD

La tradición semítica más antigua proclama que existe en el cuerpo humano un hueso indestructible a partir del cual se producirá a resurrección de los muertos en el juicio final. Este hueso es el hueso luz.

Este hueso, real o imaginario, forma parte de la historia del judaísmo más arcaico. Tratándose de una estructura anatómica creemos que su estudio tiene sitio en la historia de la medicina.

Para mejor entender el desarrollo de esta creencia, es necesario empezar por describir, aunque sea de forma somera, la historia del pueblo judío y sus creencias. La única fuente que tenemos es el Antiguo Testamento cuyos datos no son de gran precisión, pues sus autores no estaban preocupados por la exactitud de sus fechas como lo están los historiadores actuales.

PRIMERO FUE ABRAHAM

Unos XX siglos antes de Cristo (AC), en una región de Mesopotamia cuya capital era la ciudad de Ur, habitaban un número indeterminado de tribus semitas nómadas, dedicadas fundamentalmente al pastoreo. Una de estas tribus era la del patriarca Abraham. En el Genesis se nos cuenta como Yahveh (Dios para los judíos) se aparece a Abraham y le dice: deja esta tierra y dirígete a la tierra que yo te indicaré y haré de tu pueblo un gran pueblo.

Así lo hizo Abraham que entonces tenía 75 años. Con toda su familia y su ganado se pone en camino hasta llegar hasta llegar a la tierra de Canaán, en Palestina.

Tiempo después, cuando Abraham tenía 99 años, de nuevo Yahveh se dirige a él y le ofrece un pacto definitivo: pacto eterno de tu Dios con toda tu descendencia de toda la tierra de Canaán por eterna posesión. En señal de este pacto, Yahveh exigió que los varones de la casa de Abraham y todos sus descendientes fuesen circuncidados. De esta forma podrían ser reconocidos como miembros del pueblo elegido.

Abraham moriría a los 175 años de edad.

 

MOISES Y LA HUIDA DE EGIPTO

El segundo libro del Pentateuco, el Éxodo, es la única fuente de este relato.

En el texto sagrado no encontramos una explicación clara de por qué, en cierto momento, un gran número de judíos habían emigrado a Egipto, tal vez empujados por la escasez de alimentos a causa de malas cosechas. El hecho es que los hebreos prosperaron y adquirieron gran cantidad de ganado y otras riquezas. Al principio fueron ben acogidos por los egipcios, pero eventualmente su prosperidad fue causa de preocupación por parte de los egipcios que temían ser dominados por estos extranjeros que cada vez eran más numerosos y poderosos. Se inició entonces una época de represión y maltrato llegando hasta la esclavitud.

Moisés, judío nacido en Egipto, creció y fue educado a manos de una hija del Faraón. Su vida fue apacible en comparación con el resto de los judíos. Pro en un momento dado Moisés ha de huir acusado de haber matado a un hombre. Ya dedicado al pastoreo lejos de los egipcios, Yahveh se le aparece en forma de una zarza ardiendo que no se consumía. Yahveh ordena a Moisés sacar a su pueblo de Egipto para llevarlo a la tierra prometida y le asegura su ayuda para vencer todos los obstáculos que pueda encontrar para llevar a cabo su misión.

Ante la negativa del Faraón de dejar marchar a tantos esclavos que le eran tan útiles, Moisés utiliza los poderes que le ha otorgado Yahveh para vencer su resistencia. Después de varios intentos fallidos envía las famosas diez plagas que esquilman y empobrecen el país. Finalmente, durante la última plaga muere el primogénito del Faraón por lo que este finalmente cede y deja marchar a los judíos dirigidos por Moisés.

Los judíos habían permanecido 430 años en Egipto. Se pusieron en marcha, liberados del cautiverio, seiscientos mil semitas sin contar los niños. Llevaron consigo gran cantidad de ganado y todos sus bienes personales. Los egipcios, arrepentidos, salieron en su persecución. Es durante esta persecución cuando se produce el conocido episodio del mar Rojo, que dividió sus aguas para dejar pasar a los judíos a salvo de sus perseguidores. Así llegan los fugitivos al desierto del Sinaí el día primero del tercer mes de la salida de Egipto.

EN EL MONTE SINAI

Moisés sube al monte Sinaí en varias ocasiones para recibir instrucciones de Yahveh. Inicialmente recibe el Decálogo, en forma de tablas de piedra, y después el resto de la Ley, cuyo nombre hebreo es la Tora. El conjunto de la Tora son los cinco primeros libros del Antiguo Testamento, el Pentateuco. Los tres últimos libros de la Tora, Levítico, Números y Deuteronomio describen en gran detalle los distintos apartados de la Ley, de la vida y libertad, la propiedad y el ceremonial.

Por primera vez, el pueblo de Israel dispone de un texto escrito de la Ley.  Hasta entonces se habían regido por la tradición, que desde este momento ya no era necesaria.

En el año segundo, del segundo mes, el día veinte del mes, los israelitas levantan el campamento en la base del Sinaí y emprenden la larga marcha hacia la tierra prometida. Esta travesía del desierto dura en total cuarenta años. Moisés no llegaría hasta el final del viaje pues Yahveh lo había dispuesto así. Desde la cima del monte Pasga, Yahveh permite a Moisés ver la tierra prometida, la tierra que juró dar a Abraham. Moisés moriría poco después a los 120 años de edad. Nadie sabe dónde fue enterrado.

El lugarteniente de Moisés, Josué, lleva al pueblo de Israel a atravesar el rio Jordán y entrar en la tierra prometida.

Abraham llevó a una familia a Canaán. Moisés llevó a un pueblo. Ya juntos formaron una Nación.

 

EL TEMPLO

La instalación del pueblo judío en Palestina no fue fácil, pues a su llegada encontraron que la tierra prometida ya estaba habitada y fueron necesarias acciones violentas para desplazar a estos moradores y hacer sitio para los recién llegados. Palestina en su conjunto estaba bajo la tutela de Babilonia y bajo esta tutela quedaron los judíos recién llegados.

Ya tenían un territorio y una Ley, la Tora. Par llevar a cabo sus ritos y ceremonias necesitaban un lugar de culto. Construyeron un Templo en Jerusalén que sería el centro de toda la vida judía.

Pero las relaciones con la potencia dominante, Babilonia, no fue fácil. Así en el año 568 AC el rey babilonio Nabucodonosor invade Palestina, destruye el Templo y lleva a los judíos al exilio a Babilonia. Solo dejan detrás a los agricultores.

Cuando los persas invaden y destruyen el reino de Babilonia, el rey de Persia, Ciro el Grande, permite al pueblo judío regresar a Palestina y volver a construir el Templo. Por alguna razón desconocida, solo dos de las doce tribus de Israel regresan del exilio. El destino de las otras diez tribus permanece en la noche de la historia.

Israel sigue siendo tributario de potencias extranjeras y sometidos a onerosos impuestos y tributos. Persia, Grecia (Alejandro Magno había derrotado a los persas) y Roma se sucedieron en este dominio. Solamente en un breve periodo, aprovechando la decadencia de la influencia helena, los israelitas disfrutaron de una verdadera independencia. Este periodo va desde el año 134 AC, cuando los asmoneos (descendientes de los macabeos) suben al poder hasta el año37 AC con la llegada de los romanos. La convivencia de ambas culturas se hace imposible y en el año 70 DC las tropas del emperador romano Tito arrasan Israel y destruyen el Templo. La política anti judía de los romanos es muy dura y lleva a la expulsión del pueblo de Israel al exilio. Es la diáspora.

EL EXILIO

La Nación judía de nuevo carece de un territorio propio, pero no quiere desaparecer como pueblo. Para ello toman dos decisiones. La primera es mantener la endogamia, que ningún judío se case fuera del pueblo judío. La segunda es la estricta observancia de la Ley, con sus ritos y ceremonias, contenida en la Tora. Se ha llegado a decir que la Biblia es la Patria portátil del pueblo judío.

LA LEY Y LA TRADICION. LA TORA Y EL TALMUD

La Tora, el Pentateuco, es el texto sagrado fundamental de la vida de los judíos.  Su observación y cumplimiento es obligatorio sin excusas. Contiene no solo los detalles de la alianza con Dios (Yahveh) y sus obligaciones, sino toda una serie de instrucciones para su buen cumplimento. En el Éxodo se describe con gran detalle las medidas del arca de la alianza, del tabernáculo, del altar de los holocaustos y del candelabro de siete lámparas. También se indica la forma y colores de las vestimentas sacerdotales.  En el Levítico encontramos todo lo relativo a las ofrendas, diversas leyes religiosas, ceremoniales y morales, así como las leyes penales. En Números y Deuteronomio se habla de los alimentos puros e impuros, de la guerra, de los derechos del primogénito y así sucesivamente, hasta cubrir todos los aspectos de la vida del buen judío. Poque los judíos tienen que distinguirse de los demás pueblos no solo por sus creencias sino también por su forma de vida.

El Midrash. En la Tora no falta ni sobra ninguna palabra. Pero su cumplimiento estricto es muy difícil para el hombre común. Por eso los Rabinos establecen unas aclaraciones, sin alterar el sentido de la Tora, para que pueda aplicarse en la vida diría. El Midrash hace que la Tora sea una guía práctica de comportamiento.

El Mishnah. Durante los siglos siguientes, los estudiosos de las diferentes escuelas rabínicas añadieron comentarios a las escrituras sagradas para intentar adaptarlas a los cambios de los tiempos. Estos comentarios a veces se hicieron de forma oral y se trasmitieron como una tradición no escrita y no siempre rigurosa. De esta manera se incluyeron temas que se discutían de manera informal en las distintas escuelas, temas referentes a la historia, a diversas leyendas, folklore, medicina, astronomía, botánica, zoología y otras. Los contenidos del Mishnah no tienen el mismo valor de obligatoriedad y algunos han sido olvidados.

El Talmud, no es sino e conjunto de el Midrash y el Mishnah incluyendo los contenidos de la tradición oral, sus enseñanzas estrictas, sus comentarios informales y sus leyendas. Sus contenidos abarcan una época que se inicia cuando en pueblo judío regresa de su cautiverio en Babilonia y termina en el siglo V de nuestra era cuando las escuelas rabínicas más influyentes agrupan todos los contenidos por escrito con lo que se termina la tradición oral.

EL HUESO LUZ    

Uno de los problemas con que se enfrenta la tradición judaica es que en la Tora no se menciona la resurrección de los muertos. Antes de la segunda destrucción del Templo y la diáspora, las dos tendencias más importantes del judaísmo mantuvieron posturas encontradas. Los Saduceos negaban la resurrección de los muertos y la vida eterna porque no había ninguna mención en la Tora. En contraposición los Fariseos afirmaban que, aunque la Tora no lo mencionase de forma específica, si podían encontrarse referencias indirectas en sus páginas.

Pero la tradición oral, incluida en el Talmud, si que se ocupa con cierta amplitud de este tema. En su último capítulo, Sobre el Más Allá, se encuentra un apartado Sobre La Resurrección de los Muertos. Es una resurrección solo para quien se la merece, para aquellos judíos que han cumplido con la Ley durante su vida. Aun más. Solo resucitan  quienes han muerto y han sido enterrados en Israel. Los judíos observantes de la Tora muertos en el extranjero, han de ser trasladados y enterrados en Palestina para merecer la resurrección y la vida eterna.

En este capítulo se cuenta una historia en la que el joven Hadrian pregunta al sabio anciano Joshua Chananya: Si el cuerpo se descompone y se convierte en polvo ¿de que elementos se sirve el Altísimo para resucitar a los muertos y recomponer sus cuerpos?    Y Chananya le responde: del hueso luz. Y le explica: el hueso luz es un pequeño hueso, más pequeño que una almendra, que se encuentra en la columna vertebral. Es un hueso indestructible y para demostrarlo consiguieron uno de estos huesos y lo sometieron a las más duras pruebas. Intentaron molerlo en un molino sin resultado. Lo quisieron quemar en una hoguera, pero el hueso no se consumía. Lo sumergieron en agua, pero no se disolvió.  Lo sometieron   golpes con yunque y martillo, pero se rompió el yunque y el hueso permaneció indemne. Es de este hueso indestructible, que siempre permanecerá intacto entre los restos del cadáver, de donde el Altísimo reconstruirá el cuerpo durante la resurrección.

El Talmud añade más datos. Los cuerpos resucitarán con la misma ropa con la que fueron enterrados. Y resucitarán con sus defectos, quien murió ciego resucitará ciego, quien murió cojo resucitará cojo. De esta manera se estará seguro que el cuerpo resucitado es verdaderamente de la persona a quien corresponde.

Esto dice el Talmud, que como hemos señalado más arriba, incluye historias y leyendas que, aunque no son de obligada creencia, forman parte de la tradición de un pueblo milenario.

 

Para realizar este artículo nos hemos ayudado de las siguientes referencias:

Abraham Cohen. Everyman´s Talmud. Shocken Books. New York. 1975

Iser Guinzburg. El Talmud. M. Gleizer Editor. Buenos Aires 1946. Nosotros hemos utilizado la edición española de Maxtor, Valladolid 2009.

Nacar y Colunga. Sagrada Biblia. Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid 1944.

Gabriel Albiac. La Sinagoga Vacía. Editorial Tecnos. Madrid 1987.

Xavier Zubiri. El Problema Teologal del Hombre. Dios, Religión y Cristianismo. Alianza Editorial. Madrid 2015.

 

 

   

 

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